¿Con qué sueñan los bebés?

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El estudio de la actividad cerebral y de los movimientos oculares en los bebés concluye que es posible que empiecen a soñar ya en el útero materno; sin embargo, hasta los tres años de edad no empiezan a tener pesadillas.

Los niños empiezan a soñar a partir de los 18 meses de edad, según la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente; sin embargo, y basándose en el estudio de la actividad cerebral durante el sueño, hay científicos que afirman que los bebés pueden comenzar a soñar ya desde la etapa fetal, cuando aún se encuentran en el útero materno.

Aunque conocer el contenido de sus sueños no es posible, porque no hablan, los expertos opinan que sueñan con vivencias del día, y que aunque hasta los tres años no aparecen las pesadillas, es conveniente que su entorno sea tranquilo y silencioso y no se encuetren expuestos a ruidos fuertes o molestos (aspiradora, tráfico, batidora, conversaciones o música estridente…) para que estos sonidos no perturben su descanso ni se introduzcan en sus sueños.

Si el bebé no tiene suficiente sueño NO REM puede sufrir un retraso en su crecimiento, y la falta de sueño REM puede tener consecuencias negativas sobre su desarrollo cognitivo y su conducta

En los bebés, la función de las fases del sueño (REM y NO REM) es diferente a la de los adultos; en su caso, el objetivo del sueño NO REM es reponer la energía que han consumido durante el periodo de vigilia, mientras que la fase REM (etapa en la que aparecen los sueños con argumento y también las pesadillas) desempeña una labor específica en el desarrollo de los procesos de atención y memoria de los pequeños, así como en la consolidación del aprendizaje. De esta forma, si el bebé no tiene suficiente sueño NO REM puede sufrir un retraso en su crecimiento, y la falta de sueño REM puede tener consecuencias negativas sobre su desarrollo cognitivo y su conducta.

Durante las primeras semanas de vida, los bebés realizan muecas y gestos, e incluso agitan sus bracitos y piernas con brusquedad, lo que preocupa a los papás, especialmente a los primerizos, que pueden pensar que su hijo está sufriendo una pesadilla. En realidad, estos movimientos, que duran entre 10 y 20 segundos y se denominan mioclonías neonatales benignas, suelen desaparecer a lo largo del tercer mes, y no afectan al descanso del pequeño, ni tienen ninguna consecuencia sobre su desarrollo neurológico y psicomotor.

¿Qué hago si mi hijo tiene pesadillas?

Los especialistas aseguran que los niños comienzan a tener pesadillas alrededor de los tres años de edad, y que la etapa de mayor prevalencia de malos sueños se encuentra entre los seis y los diez años. Aunque se desconocen las causas que provocan este trastorno del sueño, sí existen factores de riesgo que los padres pueden controlar para evitar este mal trago a su pequeño:

  • Unos adecuados hábitos de higiene del sueño son imprescindibles desde que el niño es pequeño para asegurarle un descanso de calidad y sin sobresaltos. El ambiente y el tipo de actividades que realice el menor deben ser relajantes al menos dos horas antes de ir a la cama, para que llegue a ese momento tranquilo. Hay que evitar, pues, cualquier estímulo que pueda estresarle o causarle miedo (programas de televisión, cuentos, historias…).
  • Mantener unos horarios regulares para acostarse y levantarse (incluso en días festivos), y seguir una rutina concreta antes de ir a dormir, tranquiliza al niño y normaliza la situación.
  • No utilizar nunca como castigo el hecho de ir a la cama, para evitar que lo asocie con algo amenazador.
  • Si el niño tiene una pesadilla, y se despierta asustado, acudir a tranquilizarle, y explicarle que se trata de un sueño, y que no le puede hacer daño. Puedes acompañarle hasta que vuelva a dormirse, y dejar una luz tenue encendida.
  • Pide a tu hijo que te cuente el sueño o lo dibuje, como si se tratase de una historia, pero que le cambie el final, o invente uno, que haga que la pesadilla deje de serlo y termine bien. Al fin y al cabo, en los cuentos infantiles también hay personajes malvados que intentan perjudicar al protagonista, y siempre tienen un final feliz.
  • Si las pesadillas son recurrentes e impiden que el niño descanse bien, no dudes en acudir a un especialista, pues dormir menos de lo necesario puede afectar negativamente a su estado de ánimo y causarle problemas de salud a largo plazo, como obesidad y depresión infantil.

Fuente : Eva Salabert para webconsultas – Revista de salud y bienestar

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