Cómo aliviar la congestión y las flemas del bebé

abril 01, 2015

¡Tu hijo está otra vez con mocos! Puede deberse a un simple catarro, pero como el bebé ni come ni duerme bien, hay que solucionarlo.

Aunque resulte molesto no solo tenerlo, sino también pensar en ello, el moco cumple varias funciones importantes en el organismo.

La primera, hidratar las fosas nasales y las vías respiratorias contribuyendo al buen funcionamiento de los cilios.

Los cilios son una especie de pelitos o vellosidades que recubren los bronquios y que arrastran gérmenes y sustancias extrañas fuera de los pulmones, para que puedan ser tragados (el ácido del estómago se encargará de destruirlos) o expulsados mediante la tos y el estornudo.

La segunda misión es frenar, envolver y neutralizar sustancias extrañas (no tienen por qué ser patógenas), que pretendan entrar en el organismo, como polvo, polen, contaminación…

Y la tercera y más importante, destruir gérmenes gracias a una enzima, la lisozima, con función antibacteriana.

DE 8 A 10 VECES AL AÑO

Pero claro, no todo es tan bonito como la teoría indica. El moco está formado por un 95% de agua, un 3% de proteínas y aminoácidos y un 2% de minerales y otras sustancias.

Cuando un germen llega a la nariz, la mucosa se inflama, el moco incrementa su porcentaje de proteínas para aumentar su espesor y mejorar la función de barrera y baja el porcentaje de agua.

Con esta consistencia a los gérmenes les cuesta infinitamente más llegar al interior, pero al mismo tiempo, el arrastre del moco hasta la garganta para poderlo tragar se dificulta mucho más. La manifestación que tú conoces de este proceso es la congestión nasal y la presencia de moco espeso y flemas.

Un niño con congestión se está defendiendo contra un intruso, generalmente uno de los cientos de virus catarrales que pululan por el ambiente. Y en un niño sano, esto puede suceder entre 8 y 10 veces al año.

En los más pequeños confluyen además varios contratiempos añadidos.

Primero, no saben toser ni sonarse la nariz a voluntad y el moco retenido puede infectarse con facilidad (su sistema inmunológico aún es inmaduro).

Segundo, la trompa de Eustaquio, que va del oído a la nariz, es más horizontal (el drenaje se dificulta) y más corta que en el adulto y el moco infectado puede llegar al oído, generando una dolorosa otitis.

Y tercero, en ellos los bronquiolos (las ramificaciones más pequeñas de los bronquios) son minúsculos y cuando se inflaman se taponan y dificultan la respiración.

Sobre todo si el virus VRS, principal causante de bronquiolitis, los ataca. Conclusión, aunque el moco es necesario hay que procurar que el bebé no esté congestionado, porque además de posibles complicaciones de salud, ni comerá ni dormirá.

Belinda Santamaría. Asesor: Juan Manuel Sanz-Gadea, pediatra,para la Revista Crecer Feliz

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